Butaca Due Più
Acerbis
Diseñador: Nanda Vigo
Procedencia: Italia
Año de Diseño: 1971
Tiempo de entrega de 6 a 8 semanas
EN 12 MESES SIN INTERESES
*Importe mínimo 216 euros. TIN 0% TAE 0%. Intereses subvencionados por Compass Design Shop. Financiación ofrecida por Banco Cetelem S.A.U. Oferta válida hasta 31/12/2025. +INFO
Desde 1.984 € - 2.127 €
La butaca «Due Più» de Nanda Vigo brilla con su estructura metálica minimalista, que destaca por su precisión geométrica. Cada línea y ángulo están meticulosamente diseñados para crear una composición armónica que juega con la luz, reflejándola en formas dinámicas. Esta estructura no solo cumple una función práctica, sino que también es una pieza de arte, mostrando la pasión de Vigo por la geometría y la interacción entre forma y luz.
El diseño de «Due Più» también se distingue por su audaz elección de materiales. La inclusión de pieles mongolas aporta un toque de extravagancia y originalidad, contrastando de manera intrigante con la estructura metálica. Las texturas únicas y los colores ricos de las pieles crean una combinación fascinante entre lo inesperado y lo moderno.
Actualmente, la butaca ha sido reeditada por Acerbis, con un enfoque en sostenibilidad y ética. El uso de acero reciclado y pieles provenientes de excedentes de la industria alimentaria refleja un compromiso con la economía circular. Esta adaptación no solo preserva el legado innovador de Nanda Vigo, sino que también lo actualiza con una conciencia ambiental y social contemporánea.
DESCRIPCIÓN
El asiento y el respaldo están acolchados con espuma de poliuretano de densidad simple en forma cilíndrica de Ø 19 cm tapizada en piel de cabra de Mongolia en blanco, negro y óxido. Esta tapicería da a los rodillos un efecto voluminoso y elegante. Marco de trineo en metal tubular de Ø3 cm con acabado cromado.
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La Butaca Bascule Lowback de Vitra, diseñada por Studio Œ, combina un innovador mecanismo de movimiento con una estética suave y relajada. Su respaldo bajo aporta ligereza visual y favorece una forma de sentarse cómoda y natural.
La butaca CH07, conocida como silla Shell, fue diseñada y presentada por Hans J. Wegner en 1963. Es inndudable que esta pieza representa la creencia general de Wegner, que siempre manifestó que una silla debe ser cómoda, carecer de respaldo y debe de ser hermosa desde todos los lados y ángulos. En esos años, su acogida entre el publico general fue mínima. Si bien es cierto que su aspecto vanguardista y atipico resulto sorprendente a muchos de los grandes críticos de la época, su rechazo entre el público general, junto con unas técnicas de producción menos desarolladas en la época, dieron como resultado una producción muy limitada de la misma. Carl Hansen reintrodujo el diseño de esta silla en 1998, momento en el que el diseño fue fuertemente acogido por el público en general debido a un cambio en el interés estético muy apreciable de una generación a otra.
"Un proceso transformador comparable al cuento de Cenicienta que culmina en un digno reinado de princesa" es una manera evocadora de describir el camino que llevó a la creación del icónico sillón Maggiolina, en una reinterpretación inspirada por las palabras de Aurelio Zanotta. Esta narrativa se construye en torno al intrincado proceso de diseño que dio lugar a esta obra maestra del mobiliario.
El CH445 Wing Chair es un sillón tapizado de respaldo alto con un marco de acero inoxidable. La experiencia de Hans J. Wegner para el diseño esculpido y la demanda de artesanía de calidad se expresa claramente en esta silla de aspecto dramático.
"Silla Giuno, fruto de la colaboración entre Zanotta y el dúo creativo Fabio Calvi y Paolo Brambilla, es un símbolo de estilo y comodidad."
Lo inclasificable sufre el riesgo de quedar suspendido en el aire, sin un terreno firme al que pertenecer. Nanda Vigo habitó esos márgenes, quizás por su perfil interseccional, quizás por su ingenio más veloz que el coetáneo. Ni arquitecta; ni artista; ni diseñadora, sino todo al mismo tiempo. Desde esa tierra de nadie, la multifacética italiana mantuvo viva su estela y proyectó una peculiar percepción de los espacios, de la materia y de la iluminación, alzándose con el apodo que la haría tan eterna: la signora della luce.
Pero no es fosco todo lo que se desconoce. Tampoco incomprensible. A veces supone un halago ambiguo el destierro, sobre todo cuando otros lo combaten escarbando para devolver al foco público a figuras que merecen un reconocimiento hasta el momento censurado. Nanda Vigo fue una rara avis en una década donde mucha gente competía por ser clasificada de esa forma. Milanesa de nacimiento, estudió arquitectura en el Instituto Politécnico de Lausana y cursó una beca en San Francisco que la llevaría a la oficina de Frank Lloyd Wright, a quien criticaba sin tapujos: “Qué decepción, su despacho tenía una organización casi militar, era un déspota”.
En 1959, con tan solo 23 años, abrió su estudio en su ciudad natal y se introdujo de lleno en el Gruppo ZERO, participando en múltiples exposiciones a nivel global. Suelen recalcarse sus colaboraciones con Gio Ponti o Lucio Fontana, algo que no hace más que traer a la mente ese refrán de “mira con quién andas y te diré quién eres”, aunque Vigo defendía bien su imaginario: “Nadie me influyó en nada. Todas mis cosas son solo mías”.

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