Butaca Barcelona
Knoll
Diseñadores: Ludwig Mies van der Rohe - Lilly Reich
Año de Diseño: 1929
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La Butaca Barcelona es una de las piezas más emblemáticas de la historia del diseño moderno. Creada en 1929 por Ludwig Mies van der Rohe y Lilly Reich para el Pabellón Alemán de la Exposición Internacional de Barcelona, diseñada para ofrecer un asiento elegante para recibir a la realeza española. Casi cien años después, su silueta sigue en el panteón del diseño contemporáneo como una de las mejores traducciones del “menos es más” de Mies.
Su estructura en forma de X, fabricada en acero pulido, no solo aporta una imagen ligera y sofisticada, sino que también ofrece una gran estabilidad y resistencia. El asiento y el respaldo, formados por cojines acolchados tapizados en piel, proporcionan un excelente nivel de confort, mientras que las correas de sujeción garantizan un soporte firme y equilibrado. La combinación de materiales y acabados de alta calidad convierte a esta butaca en una pieza pensada para durar y mantener su belleza con el paso del tiempo.
Su diseño ha trascendido modas y generaciones, formando parte de algunos de los proyectos de arquitectura e interiorismo más prestigiosos del mundo. Ya sea en un salón, un despacho o una zona de recepción, aporta un toque de distinción y personalidad que transforma cualquier espacio.
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Un nombre elocuente para un producto que invita a la contemplación. Para la Thinking Man's Chair, Jasper Morrison concibió un diseño en el que todos los elementos son contribuciones funcionales que aseguran la comodidad del asiento durante largos períodos de relajación y reflexión: las áreas que soportan el cuerpo están hechas de barras planas y la estructura principal es tubular; la silla cuenta con reposabrazos equipados con posavasos integrados.
La colección Officina explora un nuevo lenguaje creativo utilizando la antigua técnica de forja de hierro, e incluye una variedad de muebles y accesorios como mesas, sillas, taburetes, bancos y piezas tapizadas, todas con estructuras de hierro forjado que destacan por su atractivo material crudo y ligeras imperfecciones, fusionando una sensación industrial con un refinamiento y elegancia profundos.
Un nombre elocuente para un producto que invita a la contemplación. Para la Thinking Man's Chair, Jasper Morrison concibió un diseño en el que todos los elementos son contribuciones funcionales que aseguran la comodidad del asiento durante largos períodos de relajación y reflexión: las áreas que soportan el cuerpo están hechas de barras planas y la estructura principal es tubular; la silla cuenta con reposabrazos equipados con posavasos integrados.
Dejate seducir por el famoso sillón Fauteuil, diseñado por jean Prouvé en 1939, pefecto para convertir tus espacios, en un lugar singular.
«Getting the most of the best to the greatest number of people for the least» (Conseguir más de lo mejor para más gente y por menos): con estas palabras, Charles y Ray Eames describieron uno de sus principales objetivos como diseñadores de muebles. Ninguna de sus obras se acercó tanto a este ideal como la Plastic Chair. Durante años, ambos trabajaron sobre la idea de una carcasa de asiento de una sola pieza moldeada para adaptarse a los contornos del cuerpo humano. En la década de los 40, como sus experimentos con madera contrachapada y chapa de aluminio no les daban los resultados esperados, la búsqueda de materiales alternativos les llevó a la resina de poliéster reforzada con fibra de vidrio.
Uno de los padres del Movimiento Moderno, Mies van der Rohe (1886-1969) entendió la arquitectura como algo vivo y cambiante, como “la voluntad de una época traducida a espacio”. Desnudó sus obras de todo lo superfluo para hallar la esencia y expresar, desde la razón y la función, su idea de la belleza: elegancia, proporción y precisión.
Mies van der Rohe sería muy crítico si por unos instantes pudiese ver la deriva personalista en la que se encuentra gran parte de la arquitectura más representativa de nuestro tiempo. Él, por encima de todo, consideraba que la arquitectura pertenecía a una época y no a un individuo. Hoy, los socialmente bautizados como arquitectos estrella han eclipsado el sentido global y social que la obra arquitectónica representaba a sus ojos. Consideraba la arquitectura como “el guardián más fiel del espíritu de los tiempos, porque es objetiva y no está afectada por el individualismo ni por las fantasías personales”.
Pabellón alemán de la Exposición Universal de Barcelona (1929).
La infancia de Mies van der Rohe definiría su manera de entender la arquitectura. Demostró un vivo interés por los materiales, sus orígenes y limitaciones técnicas que más adelante exploraría. Él mismo recordaba cómo, en uno de sus viajes a los Países Bajos, mientras visitaba la bolsa de Ámsterdam, se le ocurrió que debía aceptar como principio fundamental de la arquitectura la noción de claridad en la construcción.
La casa Farnsworth en Pano (Illinois, EE.UU., 1951) es uno de los edificios icónicos del Movimiento Moderno.
Muy fácil de decir pero muy complejo de llevar a la práctica con absoluta fidelidad, especialmente en la parte estructural de una construcción. En sus proyectos la estructura no era un elemento a ocultar sino a mostrar; entendía que por encima de cualquier necesidad funcional de un edificio se encontraba siempre la estabilidad, y él no contemplaba un proyecto donde la parte estructural tuviese que ocultarse, todo lo contrario, se exigía en sus diseños desenmascarar y diferenciar aquellos elementos que eran portantes de los que no, y reducir estos últimos a la mínima expresión.
Proyectado junto con su discípulo Johnson, la torre Seagram en Nueva York (1958) es el máximo exponente del estilo internacional.
Mies van der Rohe distribuía ubicando las divisorias inteligentemente, lograba separar los espacios sin necesidad de que aquellas llegasen ni a las paredes perimetrales ni al techo, ni tan solo eran necesarias las puertas para comprender y utilizar estos espacios; de este modo cedía el protagonismo al contenedor y no a lo que contenía. En todos sus proyectos podemos identificar tanto aquellos elementos cuya función es estructural como los que no lo son; sin embargo todos y cada uno de ellos fueron diseñados con algún sentido funcional, estético o compositivo que aportase claridad al conjunto.
Mies van der Rohe seguramente no habría mostrado sorpresa alguna si definiésemos su arquitectura como conservadora a la vez que radical. Conservadora porque nacía de los principios clásicos del orden estructural, de la relación espacial y de la proporción; y radical porque aprovechaba al máximo las fuerzas motrices de la época: la ciencia, la tecnología, la industrialización y la economía.

Lilly Reich (1885–1947) fue una influyente diseñadora alemana, pionera en el diseño de interiores, mobiliario y exposiciones. Fue una de las pocas mujeres destacadas en el movimiento moderno y una estrecha colaboradora de Ludwig Mies van der Rohe, con quien trabajó en proyectos clave como el Pabellón de Barcelona (1929) y la famosa silla Barcelona. Reich tuvo un papel fundamental en la concepción espacial y material de muchos de estos proyectos, aunque su contribución fue durante décadas subestimada. Fue la primera mujer en dirigir una sección en la Deutscher Werkbund y promovió la integración del diseño textil en la arquitectura moderna. Su trabajo se caracterizó por la claridad formal, el uso innovador de materiales y una elegancia sobria. También fue docente en la Bauhaus en Berlín, defendiendo la igualdad de género en el ámbito creativo. Su legado ha sido reivindicado recientemente como esencial en la historia del diseño moderno.

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